Contar historias es una de las herramientas más poderosas en el trabajo con jóvenes.
Los seres humanos recuerdan las historias hasta un 20 % más eficazmente que los hechos. Las historias no solo conectan a las personas, sino que inspiran emociones y crean vínculos que los datos por sí solos no pueden lograr. En el trabajo con jóvenes, contar historias ayuda a los participantes y facilitadores a compartir sus propias narrativas, humanizar cuestiones abstractas y crear empatía. Una buena historia puede tener una influencia que va mucho más allá del momento en que se cuenta, sembrando las semillas de la comprensión y la motivación. Por lo tanto, integrar la narración de historias en las actividades garantiza un compromiso más profundo y un impacto duradero.


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